Los desmanes no han frenado las agresiones contra la mujer

Columna: Con sentido

Por Horacio López

Los desmanes no han frenado las agresiones contra la mujer; solo son un reflejo de una descomposición social histórica

Respecto a los recientes desmanes derivados de las manifestaciones del pasado 8 de marzo, en el marco de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, el rechazo no es a vandalizar edificios públicos, sino a utilizar la violencia y la agresión frontal, en la que también participaron hombres, para exigir respeto para el sector femenino.

Es paradójico. No se trata de una guerra que se deba ganar con las armas contra los regímenes o las instituciones dominantes; es una guerra que debe empezar a ganarse desde los hogares y el mejor antídoto para la inequidad, la injusticia y la violencia es la tolerancia y el respeto.

Sentar un cambio, dependiendo el contexto, muchas veces implica pelear hasta llegar a las últimas consecuencias; sin embargo, no todos los diferendos se aligeran con el factor caos de por medio.

La violencia contra la mujer no es novedad. Por siglos se ha acuñado desde la religión, el poder público y los hábitos de convivencia social, delimitados, claramente, por una cultura que sobre empodera al hombre. Al hombre como Dios, como emperador, como jefe de familia.

Por ello, el cambio debe ser gradual y desde todas las trincheras.

Actualmente se ha conseguido, a tirones, visibilizar la grave crisis de inequidad que ha soportado el género femenino en diferentes campos de la praxis social.

No obstante, el trabajo completo se hará cuando desde cada familia construyamos criterios inclinados al respeto para todos los seres humanos y a la tolerancia a todo lo que es diferente.

Porque no solo las mujeres han padecido discriminación, abusos, flagelos (físicos-emocionales) y rechazo. También lo han sufrido otros sectores sociales, como los homosexuales, los pobres, los que no piensan igual que el poder en turno, los que no profesan la misma fe, etcétera.

El llamado de esta reflexión, hoy, es a fomentar en todos los espacios EL RESPETO, para que en un futuro, no muy lejano, tengamos obreros, gobernantes, líderes religiosos, policías y manifestantes con un paradigma que privilegie el entendimiento y la civilidad.

En suma, se trata de ir construyendo generaciones que vean en el otro las necesidades propias, en lugar de usar a conveniencia las diferencias.

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