Contralores a modo; de risa la autofiscalización de los diputados locales

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Columna

Con sentido

Horacio López

Todo parece indicar que, por fin, de algo le servirá al PT ser aliado de Morena, puesto que el perfil con mayores posibilidades de lograr la titularidad de la Contraloría del Poder Legislativo del Estado de México, es Joel Cruz Canseco, en sustitución de Victorino Barrios Dávalos.

La negociación entrará a su punto de hervor más alto esta semana, en la que se prevén también los cambios en otras carteras de la Cámara de Diputados, pues a un año de entrar en funciones, los grupos políticos afines a la mayoría morenista, están en el punto de cobro de las cuotas políticas pactadas previo a las pasadas contiendas electorales.

No dejemos de observar que la labor de un contralor es, ni más ni menos, el responsable de fiscalizar, tanto a servidores públicos del Poder Legislativo como a integrantes de ayuntamientos

Así como en la atención de quejas, investigación, procedimientos disciplinarios e imposición de sanciones del personal adscrito a los mismos. Además, tiene a su cargo la revisión, inspección y auditoría interna del ejercicio del presupuesto de egresos del Congreso.

No son pocas las atribuciones, ni mucho menos el impacto de sus decisiones, por lo que, en teoría, debería de tratarse de un personaje ajeno al teje político, para no involucrar intereses por encima del bien común.

No obstante, no es nuevo que en estos cargos vaya la mano de gobernadores (durante el príato) y de presidentes de la Junta de Coordinación Política, que colocan a personajes a modo, tanto en la Contraloría como en el Órgano Superior de Fiscalización (OSFEM), al cual, por cierto, aspira dirigir Victorino Barrios.

De ese tamaño el descaro de nuestros representantes populares y sus entes de evaluación, control y sanción.


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