Francisco Monterde, hombre de letras y renovador del teatro mexicano

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Creador de la Bibliografía del teatro en México, obra de consulta indispensable para quienes desean conocer la historia de este género artístico, Francisco Monterde fue un respetable crítico de teatro y dramaturgo, periodista, bibliotecario, jefe de publicaciones y académico. 

Nació el 9 de agosto de 1894 en la Ciudad de México y en su natalicio se recuerda el legado de este escritor que abarcó gran cantidad de géneros y actividades vinculadas con las letras. Francisco Monterde, para quien “el clásico posee vida perdurable”, incursionó en poesía, teatro, cuento, novela y ensayo; perteneció al Seminario de Cultura Mexicana y dirigió la Academia Mexicana de la Lengua (AML) desde 1960 hasta su último día de vida. 

De acuerdo con la semblanza de la AML, Francisco Monterde, formado cerca del notable orador Alberto García Elizalde, se aficionó desde joven por las letras. Luego se consagró al periodismo, el profesorado y el teatro. Tras desempeñarse como redactor, bibliotecario, jefe de publicaciones y otros puestos similares, llegó a dirigir la Imprenta Universitaria y bajo su cuidado “se realizaron las más bellas ediciones artísticas de la universidad y la valiosa Biblioteca del Estudiante Universitario“. 

El organismo cultural agrega que “fue un hombre por extremo afable y modesto, fácilmente se gana las voluntades, entre sus alumnos es muy estimado y entre el numeroso personal con que maneja la Imprenta Universitaria se le quiere y se le respeta. Ello explica que haya logrado, a pesar de los tropiezos con que hoy se encuentran quienes tienen a su cuidado empresas industriales, hacer de aquella imprenta uno de los talleres tipográficos más importantes del país“.

Monterde —quien participó activamente en los movimientos renovadores del teatro mexicano, como el Grupo de los Siete Autores y La Comedia Mexicana— escribió los dramas Teatro regional. En el remolino (1924), La que volvió a la vida (1926), Un buen negocio (1927), El madrigal de Cetina y El secreto de la escala (1918), por mencionar algunos títulos, así como la Bibliografía del teatro en México (1933), la Antología de poetas y prosistas hispanoamericanos modernos (1931), En defensa de una obra y de una generación (1935) y Galería de espejos (1937), entre otros textos. Se cuenta que en 1925 descifró una carta codificada del conquistador Hernán Cortés.

En la Fundación Miguel Alemán se resguardan 46 pequeñas libretas de Francisco Monterde en las que detalla los lugares que visitó y que, sin duda, fueron la base para posteriores cuentos y estudios; algunas credenciales suyas, como la de redactor en El Universal Ilustrado, de 1927, y la de Cronistas de Teatro y Cine de Revista de Revistas, de 1931.

Por ejemplo, en un cuaderno azul con su nombre grabado en letras doradas, Monterde revela que fue un cazador de autógrafos, entre las que destacan Luise Rainier, Helen Mack, Walter Abel, Stan Laurel, Claudette y Ginger Rogers. 

¿Quién no se ha detenido, una vez siquiera, en la vida —más bien que en la agitación de la ciudad, en la calma de un pueblo—, a oír las palabras de un hombre que creía en la realidad de lo imaginado por él? Al escucharle, el psiquiatra hablaría actualmente de un caso de onirismo; el profano, ayer —y siempre—, de locura“. Escribió Monterde, refiriéndose al Quijote y tal vez a sí mismo. Murió el 27 de febrero de 1985 dejando un valioso legado como hombre de letras.


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