Libros y sus portadas: las caras de una historia

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En el mundo actual, la vista impera sobre el resto de nuestras canales de percepción. La mayor parte de la información que procesamos llega a nuestro cerebro por los ojos y, en este sentido, los libros deben enfrentarse a otros medios, incluyendo las redes sociales, con un elemento que no depende 100% del autor: su portada, la cual genera la primera interacción con el posible lector, es la cara de la historia y detonante del efecto imán.

Junto con la portada, mejor conocida en el mundillo editorial como 1ª de forros, podríamos incluir la contraportada o 4ª de forros, siendo la cara interna de la portada la 2ª y la cara interna de la contraportada, la 3ª de forros. Todo esto conforma el primer contacto con un posible e lector. Autores, editores y vendedores se han encargado de afinar esas herramientas para mejorar la comercialización del producto llamado libro, agregando imágenes, semblanzas, reseñas y otros elementos que comunican información valiosa.

Las portadas contienen guiños y secretos para el lector, además motivan la curiosidad para acercarse a una u otra historia, por medio de distintos símbolos que nos atraen, por ejemplo, la combinación gráfica de una corona y sangre, nos lleva a pensar en que el tema es intriga al más alto nivel. A esto se le conoce como Semiología y requiere todo un estudio en sí mismo. “La portada es parte esencial del libro, y sugiere aquello que el lector encontrará en su interior”, comenta Javier Ortega, director editorial de Lunwerg, en una entrevista realizada por la revista Grazia.

Además, contienen otro de los grandes ganchos hacia el público: el título. Palabras elegidas, la mayoría de las veces por el autor, para describir su obra; de hecho, al principio de los tiempos, las portadas no incluían imágenes, solo era un texto que describía la historia o el libro de manera general. Con el tiempo, nuevamente los editores, autores y vendedores, notaron la importancia de un buen título, motivándolos a buscar mayor exactitud y precisión para este elemento.

En conjunto, título, arte y composición, buscan conectar con la emoción del lector, con ese algo oculto e inconsciente que los motiva a elegir un tomo. Afortunadamente el trabajo de diseño puede combinarse con muchos elementos más para atraer al posible comprador, desde la ilustración, caligrafía y/o fotografía hasta los formatos, colores, formas y texturas que la impresión o el material pueda proporcionar. Incluso los espacios en blanco, o las plastas (colores sólidos), pueden generar algo en el mensaje, con el fin de transmitir detalles de la obra como el tono de la obra.

Si esto no fuera suficiente, algunas ediciones aprovechan otros elementos para aumentar su atractivo como la camisa, la solapa y los cintillos. El primero de estos elementos es un recubrimiento de papel o cartulina, generalmente independiente, que se hace al libro; en muchos casos replica la portada, aunque en otros, genera una dinámica de lectura con sus elementos gráficos. Las solapas, son esa pestaña que se doblan hacia el interior del libro, en las que se agrega comúnmente la semblanza del autor o algunas obras similares. Finalmente, los cintillos en la portada incluyen comentarios de otros autores o celebridades, así como los premios con los cuales se ha reconocido la obra.

Gonzalo Muiño, diseñador gráfico e ilustrador, encargado de las ilustraciones del último libro de Lorenzo Caprile, cree que “contratar a un ilustrador, a un fotógrafo o a un calígrafo significa aumentar los costes, pero afortunadamente las editoriales se han dado cuenta de que invertir en la portada les sale rentable y aumenta el caché de su catálogo”.

Sobrias, minimalistas o llamativas, las portadas pueden contarnos cosas de la obra y su entorno. El arte de una misma obra literaria puede cambiar al paso de las ediciones y los años, abriendo o cerrando su mensaje, de acuerdo a la censura política y social. Agregará elementos, de acuerdo a su relación con el contexto (sugerentes o misteriosas), capacidades tecnológicas (3D, relieves, colores o texturas), así como al público que tiene como objetivo (viñeta, atmósfera, símbolo, entre otros).

Algunas, además, van acompañadas de historias, como la portada de los libros de texto en México, las cuales pertenecen a cuadros de grandes artistas plásticos de la cultura nacional como el de la patria indígena de Jorge González Camarena y Victoria Dorenlas. Otra consideración importante, es sobre los libros que deciden tomar una escena de su versión cinematográfica para usarla como portada, principalmente la de aquellos títulos que ya cuentan con ediciones previas.

Si bien, en la mayoría de los casos, las carátulas son autorizadas por el propio autor, el ojo comercial de editores y vendedores ha sido de gran ayuda en muchos casos. Gracias a esta visión, podemos reconocer la temática de un libro desconocido por los colores que la editorial dio a determinada colección. Tal es el caso de los Sepan cuantos, la narrativa de Alfaguara o la colección rosa de Anagrama. A su vez, existen series que buscan rescatar obras antiguas con portadas nuevas, renovando la simbología para acercarse a un público más joven.

Entre las portadas más icónicas podemos encontrar: El gran gatsby (Francis Cugat), El gato en el sombrero (Theodor Seuss Geisel), El guardián entre el centeno (E. Michael Mitchel), Jurassic park (Chip Kidd), El mundo feliz (Leslie Holland), 1984 (varios), Farenheit 451 (Joe Pernaciaro y Joseph Mugnaini), El padrino (S. Neil Fujita), Naranja mecánica (Davido Pelham).

El trabajo del escritor se une más al diseño en los textos infantiles y la novela gráfica y, hoy día, los libros interactivos exigen un trabajo de diseño mucho más detallado. En este ir y venir la obra impreso frente a las versiones digitales, se encuentra el libro como objeto y la afición de los lectores por tener una forma física de la historia que más disfrutan, con detalles editoriales que suman valor al artículo que atesoran en su librero. Un verdadero seguidor de una historia o un escritor, generalmente cuenta con más de un tomo del mismo título, pues le permite conocer más detalles sobre el contexto del autor, la historia y la obra en general. Hasta las erratas pueden aumentar la importancia emocional o económica, al conservar o deshacerse de un libro.

La relación entre el libro y su portada, el autor y el diseñador, así como otros actores en la cadena del libro tiene muchas y extensas variantes que pueden resultar en interesantes análisis en torno a una publicación.

Preguntas a considerar:

¿Los best sellers requieren portada?

¿Quién elige la portada?

¿Por qué me gusta una portada?

¿Qué portadas funcionan mejor?

¿Cuáles fueron los elementos que llamaron tu atención?

¿Creen que las portadas garantizan más ventas?

¿Las portadas son una ventaja del libro impreso, con respecto al ebook?

¿Llegará un momento en el que el libro electrónico incluya las portadas de papel en movimiento?

 


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