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Glastonbury 2025: Fin de semana de protestas Kneepcap, Bob Vylan y Amyl & The Sniffers

El Festival Glastonbury fue creado en los años 70 por un granjero inglés llamado Michael Eavis, quien fascinado por un concierto de Led Zepelin decidió organizar su propio evento en su granja, Worthy Farm. Pero lo que siempre funcionó como un evento para las artes y la libre expresión, se ha visto envuelta en polémica este fin de semana en su edición 2025.

Acusaciones de terrorismo, mensajes propalestinos y artistas como Kneecap, Bob Vylan y Amyl and the Sniffers encendieron el escenario y fomentaron el debate sobre la libertad de expresión en los espacios musicales.

Glastonbury 2025: Cuando el arte se convierte en protesta

En la edición de este año celebrada el viernes 27 al domingo 29 de junio, Glastonbury reunió a más de 200,000 personas, pero no solo fue una avalancha de talentos musicales, también un campo de batalla ideológico. Acusaciones de terrorismo, censura mediática y fuertes discursos políticos transformaron esta edición en una de las más polémicas de su historia.

Los conciertos de las bandas Kneecap, Bob Vylan y Amyl and the Sniffers pusieron en jaque al gobierno británico y avivaron tensiones sociales en un evento que, si bien siempre ha sido un espacio para la expresión artística, este año también fue escenario de confrontación política.

Kneecap en el ojo del huracán

La banda irlandesa Kneecap, conocida por sus letras provocadoras y su activismo propalestino, se presentó en el escenario West Holts pese a una intensa campaña política que buscaba excluirlos del cartel. El primer ministro británico, Keir Starmer, expresó que su participación era «inapropiada», citando cargos pendientes por terrorismo contra uno de los integrantes, Mo Chara.

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A pesar de la controversia, Kneecap  se presentó entre banderas palestinas y un público frenético. Mensajes visuales como “Israel está cometiendo un genocidio con apoyo británico” fueron proyectados durante el set, desatando nuevas críticas desde el gobierno y la oposición. La transmisión en vivo fue cancelada por la BBC, que optó por ofrecer la actuación bajo demanda.

Según medios locales, la participación de Kneecap fue una de las más comentadas en redes sociales durante el festival, con más de 6 millones de menciones en 48 horas.

Bob Vylan: punk, política y polémica

El dúo Bob Vylan no se quedó atrás. Conocidos por su mezcla de punk y rap cargada de contenido político, lideraron cánticos como “Palestina libre” y frases más controversiales que provocaron incluso una queja formal de la Embajada de Israel en Reino Unido. La BBC, aunque transmitió su presentación, incluyó advertencias por contenido sensible.

El primer ministro Starmer condenó públicamente la actuación, reforzando su postura contra la inclusión de artistas que, según su gobierno, “incitan al odio o a la violencia”.

Posteriormente, el gobierno de Donald Trump, revocó las visas de los integrantes de la banda británica Bob Vylan tras su polémica actuación. Durante su presentación, el dúo lideró cánticos como “¡Muerte, muerte a las FDI!” (Fuerzas de Defensa de Israel), lo que generó una ola de críticas tanto en Reino Unido como en EE.UU.

El Departamento de Estado, a través del vicesecretario Christopher Landau, calificó el acto como una “diatriba de odio” y declaró que “los extranjeros que glorifican la violencia y el odio no son bienvenidos en nuestro país”.

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Amyl and the Sniffers y su grito punk contra la censura

La banda australiana Amyl and the Sniffers también encendió el escenario con un show enérgico y sin rodeos. La vocalista Amy Taylor criticó abiertamente el colonialismo, la inteligencia artificial, y exigió justicia para las personas trans y no binarias.

Su intervención fue interpretada como una crítica directa a bandas como The 1975, quienes anunciaron que su silencio sobre temas polémicos era una decisión premeditada. En contraste, Amyl and the Sniffers usaron el escenario como una plataforma de resistencia.

Glastonbury: ¿libertad de expresión o línea editorial?

La coproducción del festival, liderada por Emily Eavis, defendió la diversidad de voces en el evento, aunque aclaró que “no todo lo que dice un artista representa los valores del festival”. Con cerca de 4,000 actuaciones programadas, Eavis argumentó que la amplitud de perspectivas forma parte del espíritu de Glastonbury.

Aun así, se comprometió a reforzar las políticas contra discursos de odio, antisemitismo y violencia.

Con investigaciones policiales en curso y divisiones ideológicas más expuestas que nunca, esta edición del festival quedará marcada en la memoria colectiva como mucho más que un evento musical. ¿El arte debe callar frente a la incomodidad? ¿O debe tomar el micrófono por los que no pueden ser escuchados?

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