
Fue la mañana del 10 de enero de 2016. En México amanecimos con la noticia de que el «Camaleón del Rock», David Bowie, había fallecido en Nueva York. La noticia estremeció al mundo de la música, ya que Bowie inspiró a generaciones posteriores con su estilo, su filosofía y forma de hacer música. Para muchos es un gurú, para otros un ídolo, pero sin importar el título que se le ponga, nació para dejar una marca imborrable.
Nacido en Brixton, al sur de Londres en 1947, el pequeño David Jones (nombre de nacimiento) mostró a temprana edad un apasionado interés por la música y las artes. Al ser considerado como un niño super dotado, mostraba conducta rebelde pero sobre todo mucha determinación, características que más adelante le haría cumplir su cometido en la vida: hacer arte.
En su educación primaria mostró aptitudes vocales, por lo que formó parte del coro escolar, además, su capacidad histriónica era algo sorprendente para un niño de su edad. Una de las grandes inspiraciones para Bowie fue Elvis Presley, así que comenzó a tocar múltiples instrumentos como el bajo, el ukulele y el piano.
David Bowie, una vida dedicada a la música
Más adelante, tuvo interés por el jazz, motivado por la música de Charles Mingus y John Coltrane por lo que su madre le regaló un saxofón. A los 15 años formó su primera banda, pero para él no era un pasatiempo; desilusionado por las pocas aspiraciones de sus compañeros, tomó la oferta de representación de Leslie Conn, su primer manager.
Después de varios intentos por consolidarse con una nueva banda, se declaró insatisfecho con la música. Comenzó a estudiar teatro y decidió cambiar su nombre, así que escogió el apellido Bowie en honor a Las Aventuras de Jim Bowie, un western televisivo estadounidense de los años 50. Estudiando teatro comenzó con la creación de personajes. Para entonces, David Bowie compuso «Over the Wall We Go», canción que se convirtió en un sencillo de 1967. Al año siguiente, hizo otra composición llamada «Silly Boy Blue».
Debido al poco éxito que tuvo, intentó ganarse la vida haciendo comerciales. También apareció en una película llamada «Love you till tuesday» de 1969, en la que ofreció a los productores hacer algunas canciones, y de ahí salió uno de sus éxitos más importantes: Space Oddity, lanzado un año después, coincidió con la llegada del hombre a la luna.
Para su tercer álbum «The Man Who Sold The World» de 1970, intenta un sonido más hard rock, un cambio radical respecto al álbum anterior. Para su promoción en Estados Unidos, cargaba un look andrógino que mostró en entrevistas, presentaciones y hasta en la calle; esa coherencia conquistó a los críticos. Durante esa gira ya estaba pensando en lo que sería su próximo golpe: un personaje que mezclaba la locura de Iggy Pop y la oscuridad de Lou Reed, démosle la bienvenida a Ziggy Stardust.
Vestido con un llamativo traje y el cabello pintado de rojo, Bowie puso en marcha su espectáculo como Ziggy Stardust junto a The Spiders from Mars (Ronson, Bolder y Woodmansey) en un pub llamado Toby Jug en Tolworth el 10 de febrero de 1972. Starman fue el primer sencillo de The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars.
En 1974 se mudó a Estados Unidos donde editó su álbum de estudio «Diamond Dogs», un disco de funk y soul, del que se extrajeron dos sencillos: «Rebel Rebel» y «Diamond Dogs». Un año después en Filadelfia, grabó Young Americans, el primer número uno de Bowie en Estados Unidos con la canción «Fame», coescrita con John Lennon, quien además contribuyó cantando coros.
Para 1976 se mudó a Suiza, donde salió del ambiente musical para dedicarse a las artes plásticas pero su creciente adicción a la cocaína lo hizo mudarse a Berlín para desintoxicarse. Ahí compartía departamento con Iggy Pop y Brian Eno, con quienes se clavó en la música ambiental y minimalista. De ahí se desprendió la Trilogía de Berlín: «Low», con poco éxito comercial, pero influyente para bandas posteriores; «Heroes», con una larga duración en las listas de popularidad; y la pieza final fue «Lodger» también con buena recepción.
Ya entrados los años 80, David Bowie lanzó «Scary Monsters» del que se se extrajo el sencillo número uno, «Ashes to Ashes», que incluye el trabajo de texturas de guitarra-sintetizador. Un año después Bowie se asoció con Queen en 1981 para colaborar en el sencillo «Under Pressure«. El dúo fue todo un éxito, aunque parece que su relación fue algo espinada, aún así la canción se convirtió en el tercer número uno de Bowie en el Reino Unido.
El «Starman» llegó en el mejor punto de su carrera con el éxito comercial de «Let’s Dance» en 1983, coproducido por el legendario Nile Rodgers, que se convirtió en disco de platino tanto en el Reino Unido como en Estados Unidos. En 1984 colaboró también con Tina Turner e Iggy Pop nuevamente para el álbum «Tonight».
En 1993 salió lanzó «Black Tie White Noise», pruducción discográfica con influencias de soul, jazz y hip hop. Haciendo amplio uso de instrumentación electrónica. En 1996, David Bowie ingresó en el Salón de la Fama del Rock. Para 1999 lazó su álbum «Hours», utilizando instrumentos más orgánicos en vivo, lo que significó su despedida de la música electrónica.
Vivió con un perfil bajo por casi 10 años, cuando en 2013, coincidiendo con su cumpleaños 66, anunció su nuevo disco titulado «The Next Day». En ese momento, no se sentía motivado a dar entrevistas o hacer demasiadas apariciones públicas. Nuevamente, un 8 de enero pero de 2016, salió a la venta su último disco «Blackstar».
Dos días, David Bowie murió en su apartamento de Nueva York. La causa fue cáncer de hígado que se le había diagnosticado dieciocho meses antes, pero no lo había hecho público.
David Bowie dedicó su vida a la música y al arte, teniendo siempre la pasión desmedida que hoy en día se siente superficial. Se puede presumir de todo: su carrera actoral en cine y teatro, su aspecto siempre cambiante, sus hipnotizantes ojos, uno distinto al otro por su heterocromía otro; incluso la ruptura con las normas sociales de ese entonces, al declararse bisexual, pero el verdadero valor de este hombre, está en la autenticidad con la que siempre se manejó ante su público, y lo más importe: hacia sí mismo. Hace 10 años, el «Camaleón del Rock» dejó de ser un mortal, para convertirse en un dios.