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Sebastião Salgado: «No somos dueños de la tierra, somos sus hijos»

Un fotógrafo sorprendió al mundo. Después de mostrar el momento de tragedias, desigualdades sociales, reportes periodísticos, no tan cómodos para la conciencia de la historia de la humanidad, rehabilitó Brasil, no todo, pero como dirían en muchas esquinas “habla de ti y hablaras del mundo”, así lo hizo, una esquina de Minas Gerais fue el eco polisémico de la transformación ambiental, que puede ser ejemplo para los humanos, así la obra más grande de Sebastião Salgado.
Sebastião Ribeiro Salgado nació en Minas Gerais, Brasil, su padre quien llegó a tener diez haciendas y mucho ganado, más de 10 o 15 mil cabezas, le llamaba Tião, es hermano de siete mujeres, siendo el único varón de su familia, bueno, junto a su padre, pero el único hijo. En su infancia vio la granja familiar esplendorosa, llena de vida, literalmente, insectos, animales, árboles frondozos, flores, ‘uta’ diriamos los mexicanos, un ‘chingo’ de colores.

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Como se imaginarán fue un niño extrovertido, así que pudo disfrutar mucho de esos paísajes, que con el paso del tiempo, cambiaron. Esos verdes, pasaron a café, se fueron el viento, el agua, las nubes, murieron insectos, animales, diversión. El modelo de vida de su padre cambió conforme al mundo. Tras su muerte, Tião heredó la hacienda, hárida, seca, la tomó y vivió ahí junto con su esposa.

La edad, es irrelevante, ya había recorrido el mundo con ella, su esposa, quien también le acercó al mundo de la fotografía a ser arquitecta, sintió interés en retratar edifcios y un día, digamos que Salgado le dijo, ‘prestamela tantito’ y pum, el mundo tuvo a uno de los fotógrafos más, ahora añorados por la humanidad. Bueno, regresando. Recibió la herancia después de una historia éxitosa como fotógrafo.

Instituto Terra, Lélia Wanick y Sebastião Salgado

Fundó el Instituto Terra, porque sí pensaba vivir ahí, regresa a vivir al lugar que vio cuando era niño y en 2005 vendió una Leica M7 edición especial, de titanio, construída en conmemoración de los 50 años de la línea principal de la marca,se la regalaron y la subastó, consiguiendo 107,500 dólares, un récord según reportes, para una cámara construída después de 1945.

Con esos fondos inició una historia de un lugar más bonito. “Con una pequeña cámara, plantamos 30.000 árboles” mencionó Salgado. Ahora en 2025, con los resultados de rehabilitación, podemos pensar y cuestionarnos ¿cuánto vale el medioambiente?

El trabajo de las 700 hectáreas de la Fazenda Bulcão podríamos decir que fue su aporte más grande, incluso para la fotografía, ya que hay mucho que retratar. Es un santuario verde.

El shock del regreso: «La tierra estaba tan enferma como yo»

A mediados de los años 90, tras documentar el genocidio de Ruanda y las crisis migratorias globales, Salgado regresó a la hacienda de su infancia buscando paz. Lo que encontró fue un paisaje esquelético: el 0.5% de cobertura forestal, suelos erosionados y manantiales secos. «Era un lugar sin vida, un reflejo de mi propia alma en aquel momento. La tierra estaba tan enferma como yo», confesó en ‘The Salt of the Earth’ (2014, en español, ‘La Sal de la Tierra’), documental dirigido por Wim Wenders.

Fue su esposa, Lélia Wanick, quien propuso una idea radical: «¿Por qué no replantamos el bosque?». Así nació en 1998 el Instituto Terra, un proyecto que combinó ciencia, activismo y un acto incluso espiritual de reparación.

La siembra de la esperanza: «Cada árbol es un acto político»

El plan parecía utópico: recuperar la Mata Atlántica, un bioma del que solo queda el 12% de su extensión original en Brasil. Con ayuda de ingenieros forestales, identificaron más de 290 especies nativas y comenzaron a plantar. «No fue solo reforestación; fue una reconstrucción de ecosistemas. Cada árbol es un acto político contra la destrucción», declaró Salgado en la Cumbre del Clima de París (2015).

Foto La Sal de la Tierra Captura de Pantalla

Los resultados fueron lentos pero contundentes:

2.7 millones de árboles plantados.

8 manantiales recuperados, irrigando el Valle del Río Doce.

172 especies de aves, 33 de mamíferos y 15 de anfibios reintroducidas.

«Cuando plantamos el primer árbol, no había ni hormigas. Hoy, los jaguares caminan aquí. La naturaleza perdona si le das tiempo», reflexionó en una entrevista con El País (2020).

Fotografía y ecología: «El planeta es un solo organismo»

Para Salgado, la conexión entre su arte y el ambientalismo es indivisible. Su serie Génesis (2013), un tributo a los paisajes vírgenes del mundo, surgió de la esperanza renovada en la Fazenda Bulcão. «Entendí que el planeta es un solo organismo. Lo que hice aquí es una metáfora: si podemos sanar esta tierra, podemos sanar cualquier lugar«, afirmó en The New York Times.

El Instituto Terra, además, se ha convertido en un laboratorio social:

700 jóvenes formados en técnicas agroforestales.

100,000 personas sensibilizadas mediante talleres.

Un modelo replicado en proyectos en Perú y Mozambique.

El legado: «No somos dueños de la tierra, somos sus hijos»

A sus 81 años, en su exposición inaugurada en el Museo de Antropología e Historia, acá en México, siguió mostrándose como alguien entusiasta del medio ambiente y de los cambios. En 2023, durante la entrega del Premio Princesa de Asturias de las Artes, resumió su filosofía: «La tierra no necesita a los humanos, pero nosotros a ella. No somos sus dueños, somos sus hijos. Y como hijos, es nuestro deber cuidar de nuestra madre».

Hoy, la Fazenda Bulcão es prueba de que la degradación no es irreversible. «Este bosque no es mío», aclara Salgado. «Pertenece a las generaciones que vendrán. Yo solo fui un jardinero«.

«Cuando ves renacer un bosque, entiendes que la vida siempre encuentra un camino. Solo necesitamos dejar de ser obstáculos para convertirnos en aliados» (Salgado en National Geographic, 2021).

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