
Irán vuelve estar en el centro de la conversación después de algunas semanas con el ojo mediático en otros asuntos internacionales, pero el 28 de febrero de 2026, Estados Unidos e Israel lanzaron una serie de bombardeos contra múltiples ciudades iraníes, incluida la capital, Teherán. La operación, descrita por el presidente Donald Trump como “acciones de combate mayores”, marca un punto de inflexión en la crisis de Oriente Próximo que se arrastra desde 2023. La ofensiva ha generado un escenario de máxima tensión, con Irán respondiendo mediante ataques con misiles contra Israel y bases estadounidenses en la región.
Contexto interno en Irán
Irán atraviesa una coyuntura política delicada. La muerte del líder supremo, Ayatolá Ali Khamenei, durante los ataques, ha dejado un vacío de poder que amenaza la estabilidad del régimen. La República Islámica enfrenta además un descontento social creciente, alimentado por sanciones económicas, inflación y restricciones políticas.
La población iraní, golpeada por años de aislamiento internacional, se encuentra atrapada entre la represión interna y la presión externa. La crisis ha exacerbado las divisiones entre sectores reformistas y conservadores, mientras que la Guardia Revolucionaria busca consolidar su control en medio del caos.
Las razones de Estados Unidos
Washington justifica los bombardeos como una respuesta a la amenaza que representa el programa nuclear y balístico iraní. Tras meses de advertencias, la administración Donald Trump decidió actuar militarmente, argumentando que Teherán estaba incumpliendo acuerdos y acelerando el desarrollo de armas capaces de alterar el equilibrio regional.
Además, Estados Unidos busca enviar un mensaje de fuerza a sus aliados en el Golfo Pérsico y reafirmar su compromiso con la seguridad de Israel. La operación también responde a presiones internas: sectores políticos y militares estadounidenses consideran que la diplomacia con Irán ha fracasado y que solo la acción directa puede frenar sus ambiciones estratégicas.
Israel ¿qué gana?
Para Israel, la amenaza iraní es existencial. Tel Aviv sostiene que Irán financia y arma a grupos como Hezbollah y Hamas, que representan un peligro directo para su seguridad. Los bombardeos forman parte de una estrategia preventiva: neutralizar instalaciones militares y centros de mando iraníes antes de que puedan coordinar ataques contra territorio israelí.
Israel también busca debilitar la capacidad de Irán de proyectar poder en Siria, Líbano y Gaza. La ofensiva conjunta con Estados Unidos refuerza la alianza estratégica entre ambos países y envía un mensaje clave: no se tolerará la expansión militar iraní en la región.
Consecuencias inmediatas
Los bombardeos han provocado daños significativos en infraestructura civil y militar iraní. En Teherán, columnas de humo se elevaron tras las explosiones, mientras que ciudades como Lamerd y Shiraz también fueron blanco de ataques.
La respuesta iraní no se hizo esperar: misiles fueron lanzados contra Israel y bases estadounidenses en Irak y el Golfo. El riesgo de una escalada regional es alto, con países como Catar, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait atrapados en medio de la confrontación.
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Impacto regional y global
La ofensiva ha reconfigurado el tablero geopolítico de Medio Oriente. Aliados de Estados Unidos como Francia, Alemania y Canadá han expresado apoyo limitado, mientras que Rusia y China condenan la operación y llaman a la contención.
En el plano económico, los mercados energéticos reaccionaron con volatilidad: el precio del petróleo se disparó ante el temor de interrupciones en el suministro del Golfo Pérsico. La comunidad internacional teme que la crisis derive en un conflicto prolongado que afecte la estabilidad global.
Perspectivas
El futuro del conflicto depende de varios factores: la capacidad de Irán para reorganizar su liderazgo tras la muerte de Khamenei, la disposición de Estados Unidos e Israel a mantener operaciones prolongadas, y la reacción de actores regionales como Arabia Saudita y Turquía.
Lo cierto es que la ofensiva ha abierto una nueva etapa en la crisis de Oriente Próximo. La posibilidad de negociaciones parece lejana, mientras que la lógica de la confrontación domina el escenario.
Los bombardeos de Estados Unidos e Israel contra Irán representan una escalada sin precedentes en la región. Con un Irán debilitado pero aún capaz de responder, y con Washington y Tel Aviv decididos a frenar su influencia, el conflicto amenaza con extenderse más allá de las fronteras iraníes. La comunidad internacional enfrenta el reto de contener una crisis que podría redefinir el equilibrio de poder en Medio Oriente y tener repercusiones globales.