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Donald Trump: La Arquitectura del Caos y el Nuevo Orden del Sometimiento

A un año de haber iniciado su segundo mandato, Donald Trump ha demostrado que su regreso a la Casa Blanca no es una repetición del pasado, sino una versión corregida y aumentada de su estilo disruptivo. Bajo una estrategia que los expertos definen como «encender fuegos sin intención de apagarlos», el mandatario estadounidense ha llevado el ejercicio del poder a un terreno donde la diplomacia tradicional ha sido sustituida por la humillación y el amago constante.

En una mesa de análisis reciente organizada por el Centro de Investigaciones Sobre América del Norte (CISAN) de la UNAM, los investigadores Silvia Núñez García y Leonardo Curzio Gutiérrez desmenuzaron este complejo escenario, advirtiendo que el mundo se enfrenta a un individuo mucho más inquietante que el de su primer cuatrienio.

La geopolítica del fuego: Del Ártico al Golfo Pérsico

Uno de los ejemplos más claros de esta política de presión es la renovada obsesión de Trump por Groenlandia. Silvia Núñez García destacó que, bajo el argumento de la seguridad nacional, el presidente busca consolidar intereses estratégicos en el Ártico, una zona donde la competencia con Rusia y China es feroz. «No estamos en los tiempos de la compra de Alaska», aclaró Núñez, señalando que esta ambición territorial responde a un modelo extractivo e imperialista que genera un fuerte rechazo incluso dentro de la sociedad norteamericana.

Sin embargo, el foco de mayor inestabilidad hoy se encuentra en el Medio Oriente. La actual guerra contra Irán se presenta como el «fuego» más peligroso encendido por esta administración. En este contexto, Trump ha llevado al límite su desdén por los organismos internacionales, utilizando la fuerza militar y las sanciones económicas no como herramientas de negociación, sino como instrumentos de sometimiento. Esta escalada bélica refleja lo que Leonardo Curzio describe como el desmantelamiento del sistema de comercio y diplomacia mundial, rompiendo el principio de predictibilidad que alguna vez dio estabilidad al planeta.

El quiebre de los equilibrios internos

Al interior de Estados Unidos, el panorama es igualmente disruptivo. Curzio enfatizó que el mandatario ha logrado una reconcentración del Poder Ejecutivo que rompe con los contrapesos históricos. Los números son contundentes. Mientras que en sus primeros cuatro años firmó 217 órdenes ejecutivas, solo en lo que va de 2025 ha emitido 224.

Este uso excesivo del poder le ha permitido ignorar al Congreso, presionar de forma inédita al titular de la Reserva Federal y acosar sistemáticamente a sus críticos. Para el investigador, Donald Trump ha estudiado a fondo el alcance de su autoridad y disfruta humillando a sus socios y opositores por igual, recalibrando las relaciones bilaterales —incluida la de México— bajo la lógica del amago.

Dinero, poder y la resistencia silenciosa

Por su parte, Silvia Núñez García subrayó que Trump es el «producto más avanzado» de la unión entre el dinero y la política. Su administración ha visibilizado a una élite de «ricos entre los ricos» con aspiraciones de poder que no se veían en generaciones anteriores. Esta consolidación de una plutocracia gobernante ha cambiado el escenario político, debilitando a los opositores demócratas al obligarlos a reaccionar constantemente al «ruido» generado desde la Oficina Oval.

Ante este autoritarismo, han surgido grupos de resistencia como «Indivisible», cuyo lema «In America, we don’t do kings« (En América no tenemos reyes) resuena en las calles. Núñez García explicó que estos grupos han optado por un perfil bajo pero efectivo: en lugar de una confrontación frontal que alimente la narrativa de Trump, se enfocan en la reeducación, el uso estratégico de redes sociales y la apertura de conversaciones con ciudadanos no convencidos.

Un futuro de gestión incierto

El destino de este modelo de gestión se decidirá en las urnas. Según Curzio, la resolución de este conflicto sistémico se dará en noviembre, donde se verá si los demócratas logran recuperar terreno o si Trump mantiene una mayoría, aunque sea precaria. Mientras tanto, el mundo observa con cautela cómo el «trumpismo» sigue desafiando las leyes de la política global, dejando a su paso un rastro de fuegos encendidos que nadie parece saber cómo extinguir.

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