
Mientras en tribunales internacionales el nombre de Naasón Joaquín García sigue asociado a condenas por abusos sistemáticos, en México el panorama legal ha tomado un giro radicalmente opuesto. La Fiscalía General de la República y las fiscalías estatales han decidido, de manera oficial, dar carpetazo a las carpetas de investigación relacionadas con la cúpula de la organización religiosa La Luz del Mundo. Esta decisión deja en el aire cientos de testimonios y denuncias que buscaban una respuesta contundente por parte del Estado mexicano.
El cese de las indagatorias no ocurre por falta de evidencia pública, sino por una aparente incapacidad —o falta de voluntad— de las autoridades para integrar expedientes que sostengan las acusaciones de trata de personas, abuso infantil y lavado de dinero. Este freno procesal representa un balde de agua fría para los colectivos de sobrevivientes que esperaban que el precedente sentado en Estados Unidos se replicara en territorio nacional.
El contraste de dos realidades: Estados Unidos vs. México
La desconexión entre los sistemas judiciales es evidente. En California, la fiscalía presentó pruebas contundentes que llevaron al «Apóstol de Jesucristo» a aceptar su culpabilidad en delitos graves para evitar una cadena perpetua. En contraste, las autoridades mexicanas parecen haber chocado contra un muro administrativo.
A pesar de los bloqueos de cuentas bancarias realizados en años anteriores por la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF), los procesos penales no prosperaron. Al declarar el archivo de estas causas, el sistema judicial mexicano envía un mensaje peligroso: la estructura de poder de la organización permanece intacta y protegida por un vacío legal que beneficia a los victimarios sobre las víctimas.
Las víctimas invisibles: El peso de la denuncia ciudadana
El «carpetazo» a la Luz del Mundo no solo cierra expedientes, sino que silencia voces. Durante años, exmiembros de la congregación, bajo un riesgo personal altísimo, aportaron pruebas sobre redes de explotación que operaban en sedes de diversas entidades del país. La denuncia ciudadana fue el motor que mantuvo vivo el interés público, pero hoy se enfrenta a la indiferencia burocrática.
Para muchas de las víctimas, México representaba el lugar donde los abusos eran más recurrentes debido a la estructura jerárquica de la organización en sus sedes principales. Al detener las investigaciones, se les niega el derecho a la verdad y a la reparación del daño, dejando a los denunciantes en un estado de vulnerabilidad frente a una estructura que aún conserva una influencia social y política considerable.
¿Qué falló en la integración del caso La Luz del Mundo?
Expertos legales apuntan a varios factores que explican este estancamiento. En primer lugar, la falta de protección a testigos clave desincentivó a muchos a ratificar sus denuncias por miedo a represalias. En segundo lugar, la red de influencias políticas que la organización ha tejido durante décadas en estados como Jalisco y Veracruz parece haber funcionado como un escudo efectivo.
Además, existe un problema técnico en la tipificación de los delitos. Mientras que en el extranjero se persiguió como una red de conspiración y abuso, en México las investigaciones se fragmentaron en delitos menores o se centraron exclusivamente en el ámbito financiero, perdiendo de vista el daño humano y la violación sistemática de derechos humanos que constituyen el núcleo del caso.
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La democratización de la justicia: Una deuda pendiente
El caso de La Luz del Mundo es un ejemplo de cómo la justicia en México sigue siendo un privilegio difícil de alcanzar cuando se enfrenta a poderes corporativos o religiosos. La falta de transparencia en los motivos para cerrar estas investigaciones alimenta la percepción de corrupción y acuerdos bajo la mesa.
Para que la sociedad mexicana pueda confiar en sus instituciones, es necesaria una rendición de cuentas sobre por qué, ante evidencias tan similares a las presentadas en el extranjero, los fiscales locales decidieron que «no había elementos» para proceder. La democratización de la justicia implica que ninguna institución, por más sagrada o poderosa que se autodenomine, esté por encima del escrutinio legal.
Un capítulo que no debería cerrarse
Aunque legalmente se haya dado un paso atrás con este carpetazo, la herida social permanece abierta. La historia no se borra con un sello de «archivado». Mientras existan sobrevivientes dispuestos a hablar y una sociedad civil que demande respuestas, el caso de La Luz del Mundo seguirá siendo un recordatorio de lo que sucede cuando el Estado le da la espalda a los más vulnerables. La justicia en México sigue en deuda, y este cierre administrativo es solo una pausa en una lucha que tarde o temprano volverá a los tribunales.