
El profesor Enrique Soto Astorga, de la Facultad de Ciencias de la UNAM, señaló que los miedos sobre la sustitución humana por la inteligencia artificial no están sustentados en lo técnico, sino en lo económico y político. Para él, estamos frente a un cambio generacional y cultural tan acelerado que muchas veces no alcanzamos a comprender su magnitud.
Soto Astorga advirtió sobre el discurso que presenta a la IA como una “tecnología inevitable” a la que debemos someternos. Sin embargo, aclaró que no se trata de máquinas autónomas, sino de operadores que aprovechan su incompletud para generar dependencia.
Organismos cibernéticos y dependencia tecnológica
En una mesa de debate moderada por David Suárez Pascal, la académica de la UAM Paola Hernández Chávez explicó que desde los años 90 ya somos “organismos cibernéticos”.
La vida cotidiana está mediada por dispositivos electrónicos que sustituyen procesos de memoria: dejamos de aprender números telefónicos o direcciones y confiamos en la tecnología para suplir capacidades cognitivas.
Para Hernández Chávez, esta dependencia genera confianza excesiva en la IA y, al mismo tiempo, un temor infundado de que nos reemplazará. Además, advirtió que somos la mejor “mercancía”, pues nuestros datos son extraídos y revendidos por los llamados “señores tecnofeudales”.
Arte y creatividad como espacios de resiliencia
La especialista subrayó que en todas las épocas ha existido un espacio de resiliencia, ocupado por el arte y la creatividad. Hoy, más que perder frente a la IA, hemos decidido cerrar el espacio de la imaginación. “No es que la IA nos esté ganando, sino que hemos decidido que se cerró el changarro de la creatividad”, afirmó.
Este planteamiento invita a reconsiderar el papel de la cultura y la creación artística como contrapeso frente a la automatización.
Marcos Rosetti Sciutto: fascinación y preocupación
El académico del Instituto de Investigaciones Biomédicas, Marcos Rosetti Sciutto, compartió su experiencia docente apoyada en la IA. Reconoció que los resultados son impresionantes, pero también le generan inquietud.
Al reflexionar sobre el concepto de cyborg, señaló que la pregunta central es quién se beneficia de esa mejoría tecnológica. Recordó que Sam Altman, cofundador de OpenAI, ha planteado que la IA debería venderse como un servicio más, al igual que la luz o el agua.
Rosetti Sciutto alertó que esta visión puede ser deletérea: delegar nuestras actividades cognitivas más importantes a una máquina podría disminuir la calidad de vida humana. En su opinión, se perfila un feudalismo digital que aterroriza, pues la tecnología se presenta como un beneficio individual cuando en realidad fortalece estructuras de poder económico.
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Una tradición académica con impacto social
El director de la Facultad de Ciencias, Luis Felipe Jiménez García, destacó que estas actividades incluyen conferencias, visitas guiadas a laboratorios, dinámicas lúdicas y concursos. Su objetivo es fomentar la reflexión sobre los avances tecnológicos y su impacto en la salud cognitiva.
La discusión puso sobre la mesa la tensión entre el potencial de la IA como herramienta y el riesgo de que se convierta en un mecanismo de control social y cultural.
La pregunta ¿la IA nos reemplazará? no puede reducirse a un temor técnico. Como señalaron los especialistas, el verdadero debate está en los factores económicos, políticos y culturales que moldean su uso.
La inteligencia artificial no es autónoma ni autodeterminada: depende de quienes la operan y de cómo decidimos integrarla en nuestra vida. Frente a la amenaza de un feudalismo digital, el arte, la creatividad y la reflexión crítica siguen siendo espacios de resistencia y resiliencia.