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No es falta de respeto, es tu cerebro: La raíz oculta de la impuntualidad según Gabor Maté

Todos conocemos a una persona que siempre llega tarde. Las reacciones comunes son los reclamos, enojos, motivos de discusión y cualquier cosa que puedas imaginarte. Y el otro puede llegarse a sentir culpable por la impuntualidad.   

Llega el mensaje de texto inevitable: «¡Ya voy llegando!», cuando en realidad apenas estás buscando las llaves para salir. El corazón se te acelera, la culpa te invade y te preguntas una vez más: ¿Por qué siempre llego tarde?

Durante años, la sociedad nos ha dicho que la impuntualidad es un signo de irresponsabilidad, falta de respeto hacia el tiempo de los demás o simple desorganización. Sin embargo, para expertos en trauma y desarrollo como el Dr. Gabor Maté, autor del aclamado libro Mentes Dispersas (Scattered Minds), la impuntualidad crónica rara vez tiene que ver con la lógica o la moralidad. Tiene que ver con la regulación emocional, la neurobiología y, a menudo, con mecanismos de defensa aprendidos en la infancia.

Si has intentado usar agendas, alarmas y técnicas de gestión del tiempo sin éxito, es probable que el problema no sea el reloj, sino lo que ocurre dentro de tu mente.

La impuntualidad y el mito de la pereza

El Dr. Gabor Maté sugiere que comportamientos como la impuntualidad crónica son frecuentes en personas con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) o con rasgos de sensibilidad alta. Según Maté, el TDAH no es una enfermedad genética inmutable, sino una respuesta fisiológica al estrés ambiental temprano.

Para protegerse de un entorno abrumador, el cerebro aprende a «desconectarse». Esta desconexión provoca lo que se conoce como ceguera del tiempo (time blindness). No es que no te importe la hora; es que tu cerebro no procesa el paso del tiempo de manera lineal ni precisa. Para una persona neurodivergente, solo existen dos horas: «ahora» y «no ahora». Cuando te das cuenta de que el «ahora» se acabó, ya es tarde.

La adicción a la urgencia y la dopamina

Otro factor crucial que señala Maté es la relación entre la estimulación y la dopamina. Muchas personas que luchan con la puntualidad tienen un sistema nervioso que opera bajo el principio de la sub-estimulación.

El cerebro necesita un cierto nivel de neurotransmisores para enfocarse y ejecutar una tarea, como salir de casa. Cuando no hay urgencia, el cerebro divaga. ¿Por qué esperas hasta el último minuto? Porque el pánico de llegar tarde genera un pico de adrenalina y cortisol. Esta «inyección» química es lo que finalmente permite al cerebro concentrarse y actuar. Inconscientemente, te vuelves adicto a la crisis de último minuto para poder funcionar. No es mala planificación; es automedicación bioquímica.

La resistencia subconsciente y la autonomía

Gabor Maté a menudo habla de la tensión entre la autenticidad y el apego. Si crecimos en entornos donde sentimos que nuestra autonomía era coartada, podemos desarrollar una resistencia inconsciente a «ser controlados», incluso por el tiempo o las expectativas de otros.

Llegar tarde puede ser una micro-rebelión subconsciente. Una parte de ti, muy profunda, se resiste a la transición de dejar lo que estás haciendo (tu zona segura) para cumplir con una obligación externa. Maté explica que esta dificultad para cambiar de actividad (task switching) es dolorosa emocionalmente para muchas personas, provocando una parálisis que se traduce en retraso.

La compasión como herramienta de cambio

La visión de Gabor Maté no busca excusar el comportamiento, sino entenderlo para transformarlo. La vergüenza es el peor enemigo del cambio. Cuando te castigas por llegar tarde, aumentas tu estrés. Y según la teoría de Maté, a mayor estrés, mayor desconexión cerebral, lo que perpetúa el ciclo de la impuntualidad.

Para romper el patrón, el primer paso no es comprar un reloj más grande, sino practicar la auto-compasión. Reconocer que tu impuntualidad puede ser un síntoma de ansiedad, de una mente dispersa o de una necesidad de estímulo, te permite abordar el problema desde la raíz: regulando tu sistema nervioso antes de intentar regular tu agenda.

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